Bienestar y Salud Mental

Del “cuerpo ideal” al cuerpo sano

Alexander Carmona
February 26, 2026
5 min

Hay un prejuicio ampliamente difundido que consiste en separar la mente del cuerpo. En ese sentido, se cree que lo mental es completamente ajeno a lo corporal. Los primeros en atacar este supuesto fueron, desde luego, los psicoanalistas. Ellos alcanzaron a ver que los conflictos psíquicos inconscientes pueden manifestarse a través de síntomas corporales, lo que se reconoce actualmente bajo la categoría diagnóstica de Trastorno NeurológicoFuncional en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales-V (DSM-V, por sus siglas en inglés). Gracias a los avances en neurociencias, se conoce también que el cerebro -el órgano en el que se asientan las funciones mentales- está en constante comunicación con el cuerpo mediante mensajeros químicos (i. e., hormonas y citocinas). Es por ello que factores psicológicos como el estrés pueden impactar en funciones corporales como la digestión, la frecuencia cardíaca, la frecuencia respiratoria, etc.

Además de las respuestas corporales al estrés, otro punto de intersección importante entre la mente y el cuerpo es el tema de la imagen corporal. De acuerdo con Baile (2003), la imagen corporal es la representación mental que cada uno tiene sobre su propio cuerpo. Esta representación incluye aspectos perceptuales (i. e., información sobre el tamaño y la forma del cuerpo), así como aspectos cognitivos y emocionales (i. e., creencias sobre el cuerpo y satisfacción con el peso o la figura del cuerpo).

Asimismo, la imagen corporal no es ajena a la influencia de la sociedad y el “cuerpo ideal” que promueve. Así pues, el grado de satisfacción corporal dependerá de la cercanía del propio cuerpo con el “ideal”. Si uno percibe que su cuerpo no coincide con los estándares culturales, realizará conductas tales como dietas y ejercicio con el propósito de asemejarse al “cuerpo ideal”. Lo peligroso de dicha motivación consiste en que, por lo general, las personas empiezan a restringir el consumo de alimentos sin supervisión por parte de un médico o nutriólogo. Adicionalmente, la realización de ejercicio de forma compulsiva puede conducir a lesiones físicas importantes.

La preocupación por tener un cuerpo saludable no es el problema. El problema es confundir un cuerpo sano con el “cuerpo ideal”, lo cual usualmente conlleva la implementación de dietas extremadamente restrictivas o rutinas de ejercicio insostenibles.

Entonces, ¿cómo podemos saber si estamos confundiendo un cuerpo sano con el“cuerpo ideal”? Tenemos que prestar mucha atención a la manera en que nos expresamos sobre nuestro cuerpo y sobre nuestras metas de dieta y ejercicio. Algunos pensamientos que delatan una imagen corporal negativa son: “Estoy gordo”, “Quiero estar más delgado”,“Mi cuerpo da asco”. Lo que todos ellos tienen en común es que están cargados de juicios; no son afirmaciones descriptivas acerca del cuerpo. Y, cuando surgen estos pensamientos juiciosos, es más probable que tratemos de evitar las emociones que suscitan (v. gr.,ansiedad o culpa) mediante dietas y rutinas de ejercicio dañinas (Vaquero-Cristóbal et al.,2013). De igual manera, los pensamientos que nos conducen a compararnos con cuerpos ajenos indican que no estamos buscando nuestra salud, sino que estamos persiguiendo un ideal estético. En ese sentido, hay que estar pendientes de los pensamientos que tenemos sobre el cuerpo para saber si nos estamos acercando a la salud o al ideal.

Aunque los ideales de belleza están muy difundidos en la cultura, podemos modificarla forma en que hablamos sobre nuestro cuerpo para aligerar un poco la presión social.Para ello, les comparto una habilidad para pasar del juicio y la comparación a la descripción y la aceptación del cuerpo. Se trata de reemplazar las palabras como “gordo”, “flaco”, “feo” y“bonito” por otras que nos ayuden a describir la forma, la textura y la función del cuerpo (Haynos et al., 2016). Por ejemplo, les invito a cambiar la expresión: “Mi panza está muy fea y no sirve para nada” por “Mi torso se hace ancho a la altura de mi abdomen para darle espacio a mi reserva de energía”. En la primera, hay un juicio estético y se ignora la función de la grasa corporal; mientras que en la segunda se describe la forma del cuerpo, haciendo énfasis en la función de reserva de energía que cumple el tejido adiposo. Les propongo que intenten transformar la siguiente frase juiciosa en una descripción: “Estoy muy flaco y parezco un esqueleto, ¡qué horror!”.

Lo anterior son pequeños consejos que pueden ayudar a disminuir el malestar; no obstante, se recomienda ampliamente asistir a Terapia de Exposición al Espejo (MET, por sus siglas en inglés), pues es una de las modalidades terapéuticas con mayor evidencia para el tratamiento de alteraciones de la imagen corporal (Haynos et al., 2016).

En resumen, si notamos que los pensamientos cargados de juicio, así como los que nos llevan a la comparación, nos motivan a hacer dietas imposibles o ejercicio desmedido, es importante buscar acompañamiento psicológico. Esto con el fin de modificar nuestra relación con la imagen corporal y, así, encontrar una motivación saludable que sostenga buenos hábitos alimenticios en el largo plazo. De este modo, podremos buscar el apoyo de un nutriólogo, quien nos ayudará a encontrar una dieta que se ajuste a nuestros requerimientos nutricionales, en lugar de imponernos una dieta para bajar de peso lo más rápido posible.

Referencias:

Baile, J. I. (2003). ¿ Qué es la imagen corporal?. Cuadernos del Marqués de San Adrián:revista de humanidades, (2), 53-70.

Haynos, A. F., Forman, E. M., Butryn, M. L., & Lillis, J. (Eds.). (2016). Mindfulness andAcceptance for Treating Eating Disorders and Weight Concerns: Evidence-BasedInterventions. Context Press.

Vaquero-Cristóbal, R., Alacid, F., Muyor, J. M. y López-Miñarro, P. Á. (2013). Imagencorporal: revisión bibliográfica. Nutrición hospitalaria, 28(1), 27-35.

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