Cuántas series o películas no hemos visto donde aparece una persona con autismo. Yo recuerdo, por ejemplo, Mi nombre es Khan, Scorpion, Touch y otras historias donde nos muestran personajes “brillantes”, casi extraordinarios, que resuelven lo que nadie más puede ver. Y aunque esa imagen puede quedarse mucho en la mente, también es importante recordar que eso es ficción. El autismo no se reduce a ser un genio, a tener una habilidad “sorprendente”, ni a una sola forma de ser.
Y por eso me gusta tanto hablar del Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, que se conmemora cada 2 de abril. Esta fecha fue proclamada por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 2007 y comenzó a observarse cada año desde 2008, con la intención de abrir conversación, visibilizar necesidades reales y promover una comprensión más amplia del autismo (United Nations, s.f).
Porque cuando hablamos de autismo, hablamos de una condición del neurodesarrollo. En términos muy generales, la Organización Mundial de la Salud (OMS) explica que puede implicar diferencias en la interacción social y la comunicación, además de patrones más específicos en la conducta, como necesidad de rutina, intereses muy focalizados o reacciones inusuales a ciertos estímulos sensoriales, como ruidos, texturas, luces o cambios en el entorno (American Psychiatric Association, 2013; World Health Organization [WHO], 2025). Y algo importante: no hay una sola manera de vivir el autismo. Por eso se habla de espectro.
Eso significa que no todas las personas con autismo se ven igual, no todas necesitan lo mismo y no todas lo viven de la misma manera. Algunas características pueden notarse desde la infancia, pero también hay personas cuyo diagnóstico llega mucho más tarde, justamente porque su forma de presentarse no coincide con la imagen más conocida o estereotipada (WHO, 2025; Bargiela et al., 2016).
Y aquí entra algo que para mí es clave visibilizar, sobre todo en muchas mujeres con autismo: el camuflaje social. La literatura lo describe como ese conjunto de estrategias que algunas personas desarrollan para ocultar, compensar o hacer menos visibles ciertos rasgos autistas en contextos sociales (Hull et al., 2017; Tubío-Fungueiriño et al., 2021).
¿Y cómo se ve eso en la vida real?
En cosas que desde fuera pueden parecer “normales”, pero que por dentro implican muchísimo esfuerzo: observar antes de hablar, ensayar respuestas, copiar gestos o tonos, forzar contacto visual, reírse cuando “toca”, medir expresiones, aguantar incomodidad sensorial o estar pensando todo el tiempo cómo no verse “rara” (Hull et al., 2017).
Y justo por eso, en muchas mujeres con autismo, el diagnóstico puede pasar desapercibido durante años. Porque desde fuera quizá se ve adaptación, pero por dentro puede haber agotamiento, ansiedad, estrés y una sensación constante de estar sosteniendo una máscara. Las revisiones sobre camuflaje señalan precisamente esa doble cara: puede funcionar como una estrategia para encajar, pero también tener un costo importante en el bienestar emocional y contribuir a diagnósticos tardíos o poco claros (Bargiela et al., 2016; Tubío-Fungueiriño et al., 2021).
Entonces, creo que una de las cosas más valiosas de esta fecha es que nos invita a ampliar la mirada.
A entender que el autismo no es solo la imagen que vimos en una película.
No es solo una lista de síntomas.
Y tampoco es algo que deba mirarse desde la lástima.
Hablar del Día del Autismo también es hablar de dignidad, inclusión y comprensión real. De preguntarnos qué tanto sabemos acompañar sin exigir que la otra persona encaje a la fuerza. Qué tanto entendemos que hay experiencias mucho más visibles y otras mucho más silenciosas, pero ambas merecen respeto, espacio y apoyo. La ONU ha ido empujando cada vez más esta conversación hacia la inclusión y los derechos, no solo hacia la “concienciación” como idea general (Naciones Unidas, s. f.).
Y si me quedara con una sola idea, sería esta:
el Día del Autismo no solo existe para recordar una fecha.
Existe para ayudarnos a mirar mejor.
Para cuestionar estereotipos.
Para entender que no hay una sola manera de habitar el mundo.
Y para recordar que, a veces, comprender mejor una realidad puede cambiar por completo la forma en que acompañamos una vida.
Referencias:
American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.). American Psychiatric Publishing.
United Nations. (s.f). World Autism Awareness Day 2 April. Naciones Unidas. https://www.un.org/en/observances/autism-day/background
Bargiela, S., Steward, R., & Mandy, W. (2016). The experiences of late-diagnosed women with autism spectrum conditions: An investigation of the female autism phenotype. Journal of Autism and Developmental Disorders, 46(10), 3281–3294. doi:10.1007/s10803-016-2872-8
Hull, L., Petrides, K. V., Allison, C., Smith, P., Baron-Cohen, S., Lai, M.-C., & Mandy, W. (2017). “Putting on my best normal”: Social camouflaging in adults with autism spectrum conditions. Journal of Autism and Developmental Disorders, 47(8), 2519–2534. doi:10.1007/s10803-017-3166-5
Tubío-Fungueiriño, M., Cruz, S., Sampaio, A., Carracedo, Á., & Fernández-Prieto, M. (2021). Social camouflaging in females with autism spectrum disorder: A systematic review. Journal of Autism and Developmental Disorders, 51(7), 2190–2199. doi:10.1007/s10803-020-04695-
World Health Organization. (2025). Autism. https://www.who.int/news-room/questions-and-answers/item/autism-spectrum-disorders-(asd)?utm
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